Desde la Plaza del Comercio, al nivel del océano, se alza a la derecha el imponente castillo de San Jorge, desde donde las vistas panorámicas a la capital portuguesa son inigualables. A la izquierda, el caminante puede deleitarse con el barrio Alto, donde las empinadas y adoquinadas calles dotan de un particular encanto la zona, repleta de restaurantes y bares.
Para observar mayor modernidad, nada mejor que pasear por la Avenida Liberdade, que cruza gran parte de la ciudad y llegar hasta el Museo Gulbenkian, que alberga espléndidas obras de arte de diferentes artistas.